Hola Alberto,
Efectivamente he estado muy liado últimamente, lo que me ha hecho descuidar el blog más días de la cuenta. Además hace tiempo que nos vemos y eso hay que solucionarlo.
Le doy vueltas a un tema que me preocupa. Hay mucha crítica desde el mundo del emprendimiento porque el crédito no fluye. Es cierto. Muchos dicen, los capital riesgo no deberían llamarse capital riesgo porque no arriesgan nada. Eso me parece más discutible. Todos dicen que si hubiera financiación los proyectos emprendedores brotarían por todas partes. El problema del empleo solucionado de una tacada! Si eso es lo que creemos estamos muy equivocados. Necesitamos hacer algo de autocrítica. ¿Son los proyectos que se presentan actualmente dignos de recibir la financiación que necesitan? ¿Son merecedores de tener la confianza para que los inversores arriesguen en ellos? Pues a mi modo de ver no, no sé que opinarás tú. Hoy en día invertir en proyectos emprendedores supone mucho riesgo. El 95% de los proyectos no llegan a los 5 años de vida. Si eso no es riesgo que baje Dios y lo vea! Yo creo que se necesita mejorar muchas cosas en los proyectos para hacerlos más “sólidos”.
Hoy en día los emprendedores se centran principalmente en los recursos, y también, aunque algo menos, en formar un buen equipo, pero están dejando de lado una parte que es igual o más importante que las otras dos, si la idea es una oportunidad o no, es decir, escuchar la voz del mercado. Incluso considero que es algo que precede a la búsqueda de recursos y personas. Si el mercado no quiere tu producto cuanto antes y de la manera más barata posible lo sepas menos tiempo y dinero habrás despilfarrado.
En mi experiencia, muchos emprendedores se olvidan, voluntaria o involuntariamente, del “test ácido” de enfrentar sus nuevas ideas al mercado. A veces esto ocurre por el excesivo enamoramiento del producto/servicio (enfoque oferta) lo cual lleva a la pérdida de la objetividad sobre el mismo y al posible alejamiento del consumidor final (enfoque demanda). Otras veces ocurre porque este tipo de abordajes requiere de inversión. Lo cual es cierto, pero no tiene que porque ser una inversión elevada, además el retorno en cuanto a la información que proporciona el estudio sobre dicha inversión es absolutamente insignificante.
Crear un nuevo negocio es un proceso en la que se identifican 6 fases: 1) tener la idea, 2) constatación de que esa idea es una oportunidad, 3) realizar el Business Plan, 4) determinar el dinero y el equipo que lo hará posible, 5) conseguir la financiación y contratar a las personas y, finalmente, 6) poner en marcha el nuevo negocio (ejecución).
El Market Intelligence, es decir, estudiar el mercado ayuda en las primeras fases de el proceso de emprender. En la idea porque te permite desarrollar mucho mejor tu idea y convertirla en un sólido modelo de negocio. Esto se hace mediante desk research, normalmente utilizando fuentes secundarias de información cuya principal ventaja es que son gratuitas. En una segunda fase, el Market Intelligence es básico. Se pretende testar científicamente si tu modelo de negocio es una oportunidad de negocio, es decir, un estudio que confirme que hay un número importante de personas que perciben como insatisfecha la necesidad y confirme la popularidad de la solución que ofreces. Si el resultado es satisfactorio todavía hay que trabajar más, cierto, pero los primeros pasos son más firmes. Por lo tanto el Market Intelligence es clave para:
1. Conocer muy bien tu modelo de negocio. Tenerlo muy claro.
2. Mejorar las probabilidades de que tenga éxito.
3. Darle más solidez de cara a inversores y facilitar la obtención de financiación.
Alberto, tú y yo lo tenemos claro, pero ¿qué hacer para que los emprendedores prefieran gastar 5 ó 10 mil euros, en conocer el mercado y minimizar el riesgo de equivocarse, en vez de por ejemplo, hacer su página web sin saber si el producto o servicio que pretenden ofrecer tendrá éxito? En resumen, no creo que sea cuestión de falta de dinero sino de errar en las prioridades.
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